• 01Nov

    Mi hermana cumple años en el mes de agosto. Esto es algo que ella siempre ha considerado una maldición alegando que en su infancia nunca pudo celebrarlo con sus compañeras del colegio, como el resto de los humanos. Pero desde mi óptica externa, la “maldición de agosto” lleva consigo una consecuencia aún peor: los regalos incalificables.

    Así que en muchas ocasiones me paro a analizar cual puede ser la causa de la pareja indisoluble “agosto-regalo incalificable”.

    El primer motivo puede achacarse al ámbito geográfico. Los asistentes a estas fiestas están lógicamente también de vacaciones, en un pueblo que normalmente se parece más a un parque temático de sol y playa. Un conjunto de casas y apartamentos rodeados de sol, chiringuitos, supermercados y esas tiendas INDESCRIPTIBLES donde nos abastecemos de la consabida sombrilla, las postales de flamencas y el set cubo-pala más caro de la historia.

    ¿Cómo podemos exigir a cualquier persona que encuentre un regalo decente en semejante entorno? Pues con dedicación y empeño.

    Lo cual me lleva al segundo motivo por el cual la gente finalmente aparece en la fiesta con un regalo incalificable: la pereza del “vereneante” (si, con “e”, como decía el cura de Benidorm hace 50 años en las misas de los domingos).

    El “vereneante” es una subespecie humana a la que todos mutamos durante un mes (los más afortunados) o al menos 15 días al año. Se caracteriza por poner en hibernación (¡con esos calores!) el 70% de sus neuronas durante los días que dura su merecido descanso. Así que, cuando invitas a un “veraneante” a tu casa puedes darte por satisfecho si se le ocurre que debería llevar algún detalle.

    La escena que llevo más de 30 años grabando en mi cortex es como sigue: Juan y Tolola desparramados al sol en sus respectivas toallas bajo la sombrilla que les regaló el director de la oficina del Banco Santander.

    Juan: Mañana es el cumpleaños de “xx”, habrá que llevar algo, no??;

    Tolola: uffffff, sihhhh, a ver que llevamos. Bueno, esta noche si eso ya buscamos algo en “los jipis”.

    NOOOOOOOOOOOOOOOOOO!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! “Los JIPIS!!!!!!!!!!!!!!”, claro, como los pobres no tienen tiempo para pensar ni para ir a comprar entre tanto estrés de sol y playa, lo lógico es enganchar lo primero que haga gracia en los hippies.

    Y esto de que “haga gracia”, por supuesto hace referencia al comprador. Porque no sabría como explicar la cara de mi hermana año tras año tras año abriendo regalos de los hippies (sic de los envoltorios). Para muestra, sirvan estos botones: el parchís de barro donde las fichas son tías gordas (mi hermana cumplía 15), un monedero “andino” hecho con lana tejida de muchos colores y cerrado con cremallera (22), marioneta-avestruz (no recuerdo la edad), … pero el mejor mejor mejor , el hit de todos los regalos que ha recibido la pobre a lo largo de sus cumpleaños fue LA BOINA. Una maravillosa boina de terciopelo (sic) negro con incrustaciones en bolas de plástico de colores y bordados de lentejuela motivo floral-geométrico.

    La invitada además explicó el por qué de su elección: “la vi y me pareció muy “divertida” … para ponérsela en la playa claro, porque en Madrid no te vas a poner esto tan extravagante. Aunque es de terciopelo que ahora no hay quien lo aguante y un poquillo hortera con tantos colores y las lentejuelas, pero … ¿a que es una monada??”

    Lo mejor de todo: a mi hermana no le cabía. La invitada sentenció: “es que tienes la cabeza muy gorda”.

    Moraleja: si te invitan a un cumpleaños en agosto, cúrratelo un poco y no recurras a los hippies. O mejor aún, engánchate al wifi del chiringuito y busca al cumpleañero en www.milista.com, así acertarás seguro… quien sabe, tal vez pida una BOINA!.

    Posted by Cristina @ 11:32 pm

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One Response

WP_Orange_Techno
  • Puchi Says:

    Querida, recuerdo vivamente esa escena en la que nuestra querida hermana recibió tal regalo como detalle de gusto impreciso. Y sólo quiero señalar como, esas lentejuelas y bolitas “plastiqueras” de colores dorèe formaban motivos muy típicos de los tenderetes veraniegos: elefantes, el animal sagrado de esterillas y de bolsos que huelen como un campo de toros muertos en Marrakesh. Era de importancia suprema reseñar semejante “detallito” de gustazo.
    XOXO

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